Mostrando entradas con la etiqueta culpa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta culpa. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de septiembre de 2011

Feliz aniversario del 11 de Septiembre, gringos.

No cabe duda que el gobierno de los gringos debe estar de fiesta celebrando tan importante fecha. Un día 11 de Septiembre pero del 2001 les fue enviado un pequeño regalo como compensación de lo que realmente son.

Y, porque digo “Feliz aniversario”? Porque el gobierno gringo fue (y sigue siendo) el principal responsable de tan lamentable acontecimiento que costo la vida a mucha gente inocente.

Los gringos se caracterizan por ser un país armamentista, arrogante, soberbio, aprovechado y muchas “linduras” más…en fin, una mierda. Expeditos para hacer la guerra, lentos para hacer las paces. Creen que son el padre protector del mundo y en su afán de que todo marche a su conveniencia llega a cometer los mas atroces atropellamientos tanto a sus enemigos como a gente inocente de otros países, crean leyes para castigar severamente a los que ilegalmente pisan su tierra aún cuando sea por buscar un mejor porvenir pero son incapaces de brindar a ayuda a los mismos, tratan con la punta del pie a todo aquel que ose cruzar su frontera pero quieren que sus ciudadanos gringos sean tratados como estrellas de cine en cualquier punto del planeta, quieren que muchos países acaten acuerdos internacionales pero se niegan a respetarlos cuando alguno no les favorece en absoluto, desean que ningún país tenga armas de destrucción masiva, de racimo, nucleares, entre otras pero ustedes los gringos se niegan ha hacer lo mismo, porque? Acaso quieren esconder el miedo que tienen disfrazándose de superman?.

El ataque que ustedes, los gringos, sufrieron no es mas que producto de la mierda de país que son, tratando de imponer su fuerza sobre personas, religiones y otros países que tienen diferente forma de pensar a la de ustedes y que ustedes catalogan de amenazas internacionales…

Seguir Leyendo >>>

lunes, 18 de octubre de 2010

Dialogo entre La Tierra y El Hombre

1220463833_puppies-42 ¡Con toda justificación puedes presumir de tu inteligencia!, pero recuerda que yo existo desde hace cuatro mil seiscientos millones de años, mientras tú, Hombre diminuto, tus primeros orígenes se remontan a seis millones de años, exclamó el planeta Tierra.

Me parece increíble que te sigas comportando tan soberbia, después de que Copérnico hace casi quinientos años descubriera tu lugar en el Cosmos, le contestó el Hombre. Siempre habías hecho creer a la humanidad que tú eras el centro del universo, y que el sol giraba a tu alrededor. ¡Ahora sabemos la verdad: no eres el centro de nada, y tú eres la que das vuelta alrededor del sol, y no como decías!

De sentirte centro del universo pasaste a ser un simple planeta, dentro de una galaxia que contiene cien mil millones de estrellas. Nuestro universo conocido da albergue a cien mil millones de galaxias, y cada una de éstas, con cien mil millones de estrellas. ¿Dónde quedaste en el universo? Quedaste como si fueras un granito de arena perdido en los océanos.

¡Quiero recordarte -le dijo la Tierra al Hombre-, que yo nunca me creí el centro del universo, sino que ustedes los hombres hicieron pensar a todos, esa mentira! ¿Y sabes por qué mintieron? No para engrandecerme como su morada, como su madre Tierra, sino para sentirse ustedes los reyes del universo. ¡Su soberbia los engañó!

Los hombres quedaron muy desconcertados ante los argumentos de la Tierra. Y el planeta siguió hablando: les voy a demostrar que carezco de ese horrible vicio de la soberbia, del que ustedes sí padecen. Toda ingratitud tiene sus raíces en la soberbia. ¿No es cierto -siguió hablando la Tierra-, que te albergué en mi hogar, ayudándote en todo lo que me fue posible, a fin de que llegaras a ser lo que hoy eres, un Homo Sapiens? ¿Y no es cierto también, que jamás me hayas mostrado la menor gratitud?

¡Apenas inventaste el lenguaje y de inmediato le hiciste saber a todo el mundo que tú, Hombre, eras el único ser viviente (de los millones de especies de animales) que ejercías el "dominio" sobre mí, sobre tu casa, la Tierra!

A pesar de que solamente eres una de las 193 especies de monos y primates que hoy en día existen, hiciste a un lado a las 192 restantes especies y a los millones de especies de animales, autoeligiéndote en el rey del universo. Matas miles de focas de la manera más cruel, matas miles de ballenas para satisfacer tu paladar goloso y enfermo, has extinguido miles de especies de peces, aves y mamíferos, pero eso sí, eres el rey del universo; el rey de su destrucción.

¡Te voy a decir dónde está la fuente de tu soberbia, exclamó la Tierra!: en que te crees excepcional, en que te abrogas el derecho de matar, destruir, envenenar ríos, extinguir miles de especies de animales y de arboles, sin importar que cualquier especie de la fauna o flora mueran por tus caprichos, necedades o gustos.

¡Eres tan soberbio y loco, te pareces a quien le hubieran regalado una amplia y bella casa dentro de unas praderas con muchos árboles frutales, arroyos que bajan de la montaña y animales!; y que todos los días levantaras las maderas del suelo y de las paredes de tu casa, a fin de calentarte el cuerpo. Que mataras a los animales por puro placer, contaminaras los arroyos con basura y que destrozaras los pastos y árboles, cambiándolos por cemento.

¡Esto es lo que haces precisamente conmigo!: talas los árboles como si estuvieras ansioso por ver a tu planeta como un inmenso desierto. Envenenas el aire, los mares, las lagunas y ríos, sin la menor responsabilidad. ¿Esto es lo que te ha enseñado tu cerebro de mil quinientos gramos, por cierto, la maquinaria más compleja que conocemos de todo el universo?

¿Qué tu cerebro y tu alma inmortal, de la que tanto presumes, no te ha revelado que existe una moral privada y una moral pública, y que tu alma debe estar conectada con toda la biodiversidad de la Naturaleza?

¡Criminal de la Tierra! ¿Este es el hogar que quieres heredar a tus hijos? ¿De qué te sirve tu inteligencia, bondad, compasión, si día a día destruyes tu morada?

¡Y el colmo de los males!: gritas a los cuatro vientos, que estas creado "a la imagen y semejanza de Dios". ¿Crees, sinceramente, que Dios le abriría la puerta al más horrendo criminal para que cometiera todo tipo de crímenes? ¿No crees que ofendes a Dios al presumir que has sido creado a su imagen y semejanza, destruyendo todo tipo de vida?

Critilo quedó asombrado de este diálogo tan esclarecedor. ¡Qué cierto, que gozando de tantas cualidades como seres humanos, no seamos capaces de arreglar nuestra propia casa! Pero imposible de arreglarla si en vez de "dominadores de la Tierra, no nos convertimos en la luz del planeta.

¿Cómo no convencernos de que somos injustos, de que el hombre se ha convertido en el lobo del hombre, si ya nuestro planeta está a punto de colapsar, y si cada minuto en el mundo mueren diez niños y adolecentes de hambre?.

---Escrito por Jacinto Faya Viesca y publicado por El Siglo de Torreón.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La culpa - Articulo de Heidy Becerra

Antes de comenzar con el articulo quiero hacer mencion que NO es mio, pertenece a Heidy Becerra y todo credito es de ella, decidi ponerlo aqui pues lo lei y se me hizo interesante y como es mi blog puedo poner lo que quiera!!!...bueno....eso si papa Google no decide otra cosa... =0)

La Culpa

Un típico comportamiento humano es el de buscar culpables de los propios errores, o de las cosas que no dan el resultado que queremos, en factores externos a uno mismo. Culpamos a otras personas, al tiempo, al signo del zodíaco, a nuestra (mala) suerte, etc., en vez de intentar darnos cuenta de la participación que tenemos en lo que sucedió.

Muchas personas son incapaces de aceptar que cometieron un error. O que no supieron cómo hacer algo. Es mejor acusar a otra persona, decir que no pudieron hacer lo que nosotros queríamos por incompetencia, falta de dedicación, por la razón que sea, en vez de reconocer que, simplemente, las cosas a veces no salen como deseamos. O, aún más, que no pudimos o no supimos actuar de la manera correcta para alcanzar el objetivo que deseábamos.

Es muy cómodo atribuirle a terceros que las cosas no hayan salido como buscábamos. ¡Vaya excusa! Esto nos da cierto matiz de seguridad, ya que nos deslinda de toda responsabilidad sobre los acontecimientos desagradables de nuestra vida. Negamos la realidad. Mis aciertos son míos, los desaciertos ¡no me corresponden! Son por culpa de los otros. Proyectamos nuestra infelicidad en los demás, en lugar de tomar medidas para hacer cambios que, obviamente, nos darán mejores resultados.

“Cuando decidimos no echar la culpa -dice Mípham Rímpoche, maestro budista-, el mundo se abre. Comenzamos a apreciar las idiosincrasias de la vida. Tenemos más imaginación y nos volvemos más capaces de descubrir cómo avanzar con creatividad.”

Cuando uno se acostumbra a atribuirle a terceros el fracaso propio, se termina viviendo en una situación bastante negativa: de algún modo, uno cede el dominio sobre la propia existencia a otros, cuya consecuencia es que seamos incapaces de tomar acciones para subsanar desaciertos y tener una mejor calidad de vida. Si somos incapaces de reconocer los errores propios, ¡no contaremos con la posibilidad de enmendarlos!

Por el contrario, si decimos, por ejemplo, “No solo llegue tarde al trabajo porque el taxista manejó despacio, también debería haber salido antes”, habremos dado el primer paso, crucial, para salir del estancamiento. Podremos tomar una acción correctiva para que lo que causó nuestra insatisfacción no se reitere. La autodefensa y la falsa sensación de libertad generadas por echar las culpas hacia afuera dificultan el llegar a un terreno agradable y positivo, solo provocan sentimientos amargos… ¡hasta de culpa!

Buscar la solución dentro de uno mismo es la actitud más sana que podemos adoptar. Si nos abocamos a esto, tendremos la excelente posibilidad de cambiar comportamientos y, por ende, obtener otros resultados. No volverán a provocarse situaciones similares y ya no precisaremos acusar a otras personas por nuestras dificultades o desaciertos.

Algunas veces tomamos decisiones o realizamos acciones que causan un conflicto. Si no asumimos nuestra responsabilidad y acusamos a otros, el conflicto empeorará, ya que ponerse en el rol de víctima implica, por consiguiente, un cambio de roles en los demás, con resultados inciertos. Con una base tan negativa, no hay manera que nos sintamos verdaderamente conformes con el resultado que obtengamos.

Asimismo, echar la culpa genera un conflicto, ya que consideramos como “errores” a las acciones de los demás. Si ellos no hubieran dicho (o hecho) algo en especial, no estaríamos pasando por las tribulaciones que tanto nos afectan. Conviene tener en cuenta que en los conflictos, todas las partes involucradas suelen tener una parte de la responsabilidad y, de aceptarlo, nuevamente abriremos otra puerta al cambio y a la mejora personal, emocional y espiritual.

Los conflictos en los que se involucra a otra gente suelen comenzar adentro, o sea, son intrapersonales, y luego salen a la luz. La gente a veces hace las cosas a nuestro agrado, y otras, no. Eso no implica que tengamos que culparlos por todo (o casi todo) lo que han provocado. En muchas oportunidades, nuestros amigos, familiares o compañeros de trabajo saben más que nosotros. Tienen talentos distintos. Brillan con luz propia. Eso no implica que seamos menos inteligentes o incompetentes.

Nosotros y ellos tenemos el derecho a equivocarnos como seres falibles que somos por nuestra condición de humanos. En nuestra vida se sucederán éxitos, fracasos, desperfectos, inseguridades, aciertos. Algunas personas ya tienen instalado el hábito de negar las faltas propias y culpar a todos por lo malo que les sucede… ¡por suerte los hábitos pueden cambiarse!

Aunque a primera vista parece aparente la comodidad de atribuir a situaciones externas o a otras personas la causa de nuestra insatisfacción, a la larga, resulta mucho más cómodo asumir que podemos cometer errores. ¡Es tan útil y relajado aceptar que, así como otros hacen las cosas mal algunas veces, nosotros también lo hacemos!

Tal vez veamos en otros aptitudes o cualidades que nosotros no tenemos. Todos somos seres únicos y distintos y, nuevamente, aceptar la inteligencia e incluso la mayor capacidad de una persona en cierto ámbito, no implica que nosotros seamos menos (salvo, claro está, que estemos desligando nuestras obligaciones y asignándolas a otros para disimular nuestra baja autoestima e inseguridad).

Asimismo, no aceptemos que otros nos pidan estándares de perfección ni que nos echen la culpa por situaciones por las que no estamos obligados a responder. Esto nos permitirá ejercitarnos en el sano hábito de que cada persona asuma sus propias responsabilidades - ¡un hábito positivo para adoptar!

Dame Serenidad, para aceptar las cosas que no puedo cambiar
Valor, para cambiar las que puedo y
Sabiduría, para reconocer la diferencia entre estas dos....